13 febrero, 2015

Sobre la muerte de los padres ancianos.

Hay cosas que no se deben decir. Aunque se sientan.

Hay cosas que se deben callar. Por vergüenza.

Imaginad que tenemos sentimientos poco nobles, bajos sentimientos. Podríamos decirlos y justificarnos argumentando: qué le voy a hacer, puede estar mal, pero es lo que siento y mentiría si dijera otra cosa.

Hay cosas que no se deben sentir, y si se sienten se deben callar. Porque es vergonzoso que sintamos eso. Y la vergüenza obliga a callar. Y si esos sentimientos se muestran –con la pretensión de ser sincero- se convierte uno en un sinvergüenza.

Y si se dicen, y se enseñan públicamente y no se siente vergüenza, estamos a dos pasos de justificar ese sentimiento. 

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