11 septiembre, 2014

Una muchacha, lo de siempre.

Leo en un libro sobre sexo del que hablaré próximamente:


"...vemos pasar un rostro atractivo por la calle y nos entran ganas de tirar nuestra vida por la borda."

Yo he vivido eso. (Aunque todos sabemos que es mentira, no estás dispuesto a tirar nada o casi nada, pero lo vives así.) La última vez fue en un concierto de Bach en Arenas. Era una muchacha de largas rastas, con un top, que dejaba ver su joven ombligo en una barriguita prominente. Solo un instante la vi. Dos. Uno al entrar y otro al salir, pero era tan apasionante y tan viva su belleza...y prometía tanta felicidad a su lado…

No pude comentarlo con mis amigos, que son señores fondones y serios, y, aunque ella era plenamente mujer y no una niña, me hubieran tachado de menorero. Reconozco que la diferencia de edad y de estilos convertiría nuestra imagen juntos en patética. 

Fue tan honda la punzadita en el corazón y tan efímero su paso... que quiero dejar constancia aquí.

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