09 septiembre, 2014

Piratear libros.

Un amigo me cuenta que él no piratea. Sé que no miente. Las canciones las compra por un euro no sé dónde y no piratea ni películas ni libros. Explica que él apuesta porque se pague por la cultura. Me siento cuestionado. Le pregunto si cree que la historia se mueve por decisiones individuales de ese tipo. Me responde que no, pero que él no quiere piratear.

Lo cierto es que yo estoy encantado con el Kindle. Es maravilloso poder tener de modo tan fácil tantísimos libros. Siempre he usado, y mucho, las bibliotecas, pero esto es aún mejor. A mí, como profesor, me beneficia un montón. Pero al mismo tiempo me doy cuenta que piratear un libro es decir: Si puedo robarlo, por esto no merece la pena pagar.

Me siento cuestionado pero me es muy difícil renunciar a la gran ventaja que supone.


Estoy como aquella amiga de la nos reíamos hace años, cuando se robaban cassettes de los coches. Había comprado un Pioner robado estupendo y se justificaba así: "No me gusta comprar en el mercado negro porque estás fomentando que roben en los coches, pero el precio era tan bueno... "

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