28 julio, 2014

Nudismo

El día pasado fuimos mi mujer y yo con unos amigos a hacer la ruta de los Pescadores, siguiendo el río Pelayos. A mitad de camino nos bañamos en una poza escondida, donde no estábamos más que nosotros. Tras preguntarnos si nos molestaba, las otras dos parejas se bañaron desnudos. Sólo mi mujer y yo usamos bañador. Tras el baño, era un poco extraño que mientras algunos de ellos seguían aún desnudos, nosotros nos tapáramos con una toalla para cambiarnos y ponernos la ropa.


Hoy se ha repetido la historia en otra poza, esta vez sin mi mujer, porque iba yo solo. Por un lado la situación me parecía divertida, pero por otro, es verdad que me sentía un poco ridículo siendo el único que llevaba bañador. Aunque al mismo tiempo, no me hubiera sentido cómodo si me hubiera plegado al comportamiento común, solo porque es lo que hacen “todos”. Quizás el hecho de que en una ocasión me viera forzado a hacerlo me haya vuelto menos partidario de esta práctica. Si seguimos así, no sé si tendré que replantearme mi postura.

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