13 enero, 2014

La vida con sentido.

Ariel Sharon ha muerto después de 8 años de coma. Recuerdo que, cuando sufrió la enfermedad que lo dejó en coma, pensé “para él ya se acabaron los problemas con los palestinos, ahora su única lucha es contra la muerte”. Dotamos a nuestra vida de sentido y nos contamos historias. Pero a veces la vida no tiene mucha lógica. Al menos no tiene una lógica humana. Imaginad la siguiente película: Un hombre que tiene una amante se debate entre abandonar a su mujer o romper con su amante. Esta última lo apremia para te tome una decisión. O ella o yo. Llevamos cuarenta y cinco minutos de película. Se supone que quedan, al menos, otros tantos. El hombre está confuso e indeciso y el espectador está intrigado. ¿Cómo evolucionará la cosa? ¿Qué decisión tomará? De repente, cuando llevamos 45 minutos de película y aún se supone que quedan, al menos, otros tantos, el protagonista sufre un accidente de coche. De repente, otro conductor invade el carril contrario por causas desconocidas y nuestro protagonista muere en el accidente de tráfico. Fin de la historia. Se acabó el cruce de caminos. Terminaron los problemas morales o las indecisiones. ¿Dónde quedan la lógica y el sentido humano de vida? Algo fortuito, el azar, la mala fortuna trunca la vida de alguien con todos sus proyectos y futuros posibles. No tendría mucho éxito. ¿Verdad? Claro, rompe con el supuesto de toda obra de ficción: la vida tiene una lógica y el espectador puede captarla en su totalidad. Pero no sólo son las películas. Nos vamos contando nuestra vida como algo con sentido, como si tuviera planteamiento, nudo y desenlace. Como se la contaría a sí mismo Sharon en relación con la política que debía hacer y resolver. Y de pronto, la vida revela que nuestros planes y expectativas no contaban para nada.

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