04 noviembre, 2013

Vi a un pobre.

Hace unos días vi un pobre. Un pobre auténtico. Fueron unos segundos, apenas tres segundos, quizás dos. El tiempo justo para darme cuenta de que lo era. Yo iba mirando al suelo y cuando levanté la vista estaba a unos pasos de mí. Me llamó la atención uno de sus pies. No llevaba calcetines y se veía el talón desnudo porque llevaba la bota o el zapato desatado y aplastado de mala manera atrás con un descuido penoso. Era un chico joven sin afeitar que tenía el aspecto de los yonquis de otros tiempos, ahora que ya no hay ese tipo de yonquis o no tienen ese aspecto. Cuando lo vi se separaba del contenedor de basura donde había estado buscando. Me crucé con él pero no me pidió limosna, quizás no era un pobre de los que pide limosna. Aunque por su aspecto astroso se veía que la necesitaba.


De nada me servían los argumentos que yo daba en una entrada antigua para aminorar la importancia de la crisis. Fueron dos segundos pero tenían la fuerza rotunda de los hechos.

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