11 noviembre, 2013

"Desde el punto de vista de las ideas"

Este verano hablando con amigos sobre aquella niña que el Gobierno Francés había expulsado del país junto con sus padres, uno de ellos se lamentaba de la existencia de fronteras en el mundo y decía que lo lógico sería que no pasaran en el mundo cosas así.

Preguntándole yo si él creía que había que abrir las fronteras españolas a cualquiera que quisiera entrar en España él rectificaba y me explicaba que él no era un ingenuo, que era consciente de que esto no se podía hacer. Él reconocía que cuando, de joven, vivió por un tiempo en un país africano, nunca quiso tener el mismo nivel de vida de la población de allí. Reconocía que siempre quiso ser español, y gozar del nivel de vida de un español. Pero a continuación decía la frase más curiosa y más clara en relación con este tema que yo he oído en mi vida.

“Yo hablo desde el punto de vista de la ideología. Me refiero a lo que las cosas deberían ser desde el punto de vista de las ideas.”
“Desde el punto de vista de las ideas”. 

Nunca había visto que alguien asumiera con tanta naturalidad ese abismo entre sus ideas y la realidad. Como si él supiera que una cosa no tenía nada que ver con la otra. Por eso cuando yo aludía a “políticas reales” él me explicaba que no, que hablaba de “la teoría”, de “las ideas”.

¿Y qué es una teoría de lo que debería ser el mundo desligada de la realidad e inaplicable? ¿Para qué sirven unos supuestos “ideales” que sabemos completamente ajenos a la práctica política diaria?

Yo sé para qué sirven: para que quien defiende esas ideas se sienta bueno y piense “qué justo sería el mundo si todo se organizara según mis ideas”. No sirven para nada más.

Si asumimos –como hacía mi amigo- que nuestras ideas son solo ideas, nada más, podemos tener las ideas que queramos. Por poner el listón alto que no quede. Podemos pedir la luna. Nadie se va a sentir frustrado si no nos la dan. Ya sabemos que estamos hablando “desde el punto de vista de la ideología”.

Y esas ideas "ideales" (valga la redundancia) perjudican a las auténticas y humildes reformas que se pueden hacer en el mundo, porque las hacen quedar como pobres, como escasas, como rácanas, como insuficientes. Si la realidad da una medida de 2 y con reformas se podría llegar a 3, los ideólogos, como mi amigo, nos dicen que no habría que conformarse con menos de 10. 

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