30 junio, 2013

MI PADRE SE ACUERDA DE NOSOTROS 1.

Mi padre es un tipo raro. Siempre tiene algún proyecto en la cabeza y como ahora no puede pintar se le ha ocurrido copiarnos a los hijos unos textos que ha ido recopilando. Textos que piensa que es importante que leamos los hijos. Primero los escribe en una hoja y luego hará fotocopia para cada uno de los hijos. Ahora está buscando nombre al proyecto. “Las últimas hojas de papá”, “los últimos escritos de papá”…

Me ha enseñado el primero. Lo que en él se argumenta es exactamente lo que a veces yo he argumentado a mis alumnos en algún debate sobre las ideologías utópicas. Concretamente este año lo he debatido con algún alumno partidario del 15 M. Y lo que me llama más la atención es que yo me creía que esas ideas eran mías y se me ocurrían a mí.

EL SUFRIMIENTO.
Era en los años 1941-42 durante la guerra mundial. España, gracias a Dios, estaba en paz. Yo comenzaba mis estudios de bachillerato en S. Fernando.

(Da horror escribirlo) “La máquina de exterminio nazi contra los judíos estaba en pleno funcionamiento. Las víctimas llegaron a millones. Se imponía a los hombres la marca de los bovinos: un número sobre la piel. El viaje se hacía en vagones de ganado para obligar a los deportados a yacer días y días sobre su propia suciedad (¡Hombres, mujeres y niños!) se daban platos pero no cucharas por lo que los prisioneros tenía que lamer la sopa como perros; …”

(Primo Levi: Del libro de un superviviente)
“Solo habrá justicia para todos si la muerte es vencida por todos, pues a las víctimas de la injusticia,  a los mártires de las acciones inicuas no se les hace justicia con un minuto de silencio y una ofrenda de coronas. O hay victoria sobre la muerte o no hay victoria sobre la injusticia. Una ideología que niegue la resurrección de los muertos, prometerá en vano la justicia para todos. En el mejor de los casos podrá ofrecer un mundo justo a un puñado de privilegiados, los que alcancen a vivir la edad dorada de la utopía intramundana. Ahora bien, justicia para solo una parte (y por cierto, mínima) de la humanidad es una propuesta rigurosamente injusta; o hay justicia para todos o simplemente no hay justicia, ni tiene por qué haberla.”

(De Ruiz de la Peña, teólogo cristiano)Mi padre no sabe el libro del que lo sacó.

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