10 marzo, 2015

Cuerpo, alma y lenguaje.

He leído que la división tan radical que Descartes establece entre cuerpo y alma es un intento de proteger el libre albedrío y lo humano frente a la visión mecánica que ya en esa época comienza a tenerse de lo material y del ser humano como cuerpo.

Y es misterioso de qué modo el lenguaje nos embruja y nos produce confusiones. Si el alma desaparece del discurso sobre el hombre parece que con ella se pierden muchas cosas que queremos conservar. A Descartes se le ha ridiculizado diciendo que su concepción es la de "un fantasma en la máquina", pero si hacemos desaparecer el fantasma y nos quedamos solo con la máquina parece que con ello hemos eliminado la dignidad humana, el libre albedrío, el valor sagrado del ser humano y su especificidad.

¿Se puede conservar todo eso concibiendo al ser humano como un robot muy complejo? Si es un robot ¿habrá que tratarlo como a los robots? ¿O es que habrá que tratar a los robots como los seres humanos?

Lo que quería en esta entrada es hacer hincapié sobre la importancia del lenguaje. Lo que pueda o no hacer un robot será lo que sea, el problema es si decimos "sienten". Creer en la vida eterna ¿es o no más fácil si decimos que tenemos alma?

¿Es todo un problema de lenguaje?

1 comentario:

  1. En contraportada de El País venía hoy una noticia que me resulta apasionante. Trata de una ceremonia budista de despedida de las mascotas robóticas que han perdido la vida. En efecto, se trata de perros robot que fueron fabricados por Sony y vendidos a alto precio. Hubo furor en Japón por estas mascotas caracterizadas por la adaptación al amo mediante la inteligencia artificial. La pregunta del periódico es si tienen alma los robots. En esta ceremonia se los ha tratado como si la tuvieran por el lugar que ocuparon para sus amos. Me ha fascinado. ¿Tienen alma? ¿Tenemos nosotros alma? A mí me gusta emplear esta palabra desusada hoy día pero frecuentada por Neruda y otros poetas surreales y socialistas. Hablar de alma es sugerir trascendencia. Un animus no puramente físico. Y hoy la ideología oficial es que el animus es el cerebro que en cuanto deja de funcionar, dejamos de existir como entes. Cuando camino, cuando medito yo intuyo una idea de trascendencia y espiritualidad con la que no estoy reñido. Este sentimiento no está muy extendido. Algún día hablaré a mis alumnos, aunque la mayoría creen en Dios pues son musulmanes. Dar clases hoy día de literatura es sumamente sugerente pues hablamos a muchachos netamente distintos a los de otros tiempos.

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