24 febrero, 2017

¿A dónde hay que llegar?


Leí hace bastante tiempo "Mal de escuela". Cito de memoria y sin poder consultar (es el inconveniente que tienen los libros de biblioteca). Hay un capítulo en el que el autor, un escritor, que de jovencillo fue un pésimo alumno, se pregunta algo así como “¿pero a dónde hay que llegar?”. Y cuenta la historia de varias personas que triunfaron socialmente y, sin embargo, acabaron mal (un suicidio, alguna depresión, ya no recuerdo).


“¿Pero a dónde hay que llegar?”. 
 
Lo que sí recuerdo es que el capítulo me producía enfado. Mucho enfado. En el momento que lo leía, estaba yo penetrado por aquello de “aspiración a la excelencia”. O quizás simplemente por “la aspiración al bienestar”, que se supone que una carrera académica exitosa nos va a proporcionar. ¿Cómo renunciar a eso? En ese momento yo veía claro que hay que llegar a algún sitio.

No lo sé. Lo que sé es que paso del frío al fuego. 

Hoy entiendo al autor de “Mal de escuela”. Lo entiendo muy bien. No hay que llegar a ninguna parte. Hay que vivir. Y no hay una meta prefijada que de no ser alcanzada arruina la vida y la hace inutil. No hay que llegar a ningún lado. 

Hay que vivir. 






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Nos marchamos a Benidorm a aprovechar los bajos precios del buffet libre y los hoteles en temporada baja. Aprovechamos la fiesta escolar del lunes y el martes (carnavales en Castilla y León) para vernos con mis cuñados. Chao. Nos vemos a la vuelta.

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