23 octubre, 2016

Grupo de meditación de los jueves.

Estuve el jueves en el grupo de meditación del que os hablé. La encargada, Laly Jubany, pocos minutos antes de empezar, cuando supo que yo me había iniciado en un retiro de Los amigos del desierto, me explicó que ellos siguen las indicaciones de Javier Melloni, pero que ambos, d’Ors y Melloni, siguen las de Frank Jalics y que por tanto conocía lo esencial aunque la dinámica externa fuera un poco diferente.

El lugar es una iglesia pequeña y acogedora, en la que yo nunca había entrado antes, que está todo el tiempo en penumbra y que llamativamente tiene las baldosas del suelo calientes.

Los que meditan, todos pasan de los 40, son veinte o venticinco personas sentadas en un círculo, algunos en bancos y otros en banquitos. En el centro, en el suelo, hay un gran cirio colocado dentro de un cántaro tumbado y con el vientre abierto que reposa sobre una hermosa tela arrugada. Ese centro de mesa (llamémoslo así) funciona como altar. En mi retiro lo que había era una planta central, tres velas y tres iconos. Al final, nos entregaron en cartón, a cada uno un icono para que con una vela pudiéramos montar nuestro propio altar portátil en casa. El icono creo que se remonta al siglo XIII y representa la Trinidad: la unidad en la diversidad.

El jueves empezamos con un canto que dice algo así como “Padre, me abandono a ti”.

Tras venticinco minutos de silencio, un paseo lento en círculo, hasta volver a nuestro lugar, sirve para descansar de la quietud y continuar con otros venticinco minutos de meditación. En torno a una hora dura todo el acto. Se termina con una reverencia conjunta al altar.

En el retiro de Robledillo de la Vera comenzábamos con una reverencia al centro-altar y al banquito en el que cada uno meditaba, luego rezábamos la Secuencia de Pentecostés y acabamos con La oración del abandono tras los 25 minutos de meditación. También hacíamos otra reverencia al final.


El jueves, tras terminar, quedaron para las 10 de la mañana del sábado los que fueran hacer el retiro (a lo mejor hacen un retiro de fin de semana cada mes), y dieron indicaciones de que los banquitos se metieran en unas bolsas, porque había que llevarlos ese día, en lugar de dejarlos donde los colocan habitualmente. Ayudé a meter el que yo había usado en una bolsa, me calcé y me despedí hasta el jueves siguiente sin hablar con nadie más. 

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