01 septiembre, 2016

Bailar cuando suena la música.

D’Ors dice que quiere parecerse a su perro en una cosa: que vive en el presente.

Es algo que también me sorprende de mis gatos. Han pasado más de un mes viviendo muchas horas al día fuera de casa, en el jardín común de la urbanización, incluso saliendo fuera de esta. Su naturaleza es exploradora y aunque preferían la casa para dormir durante muchas horas, cuando llegaba el atardecer salían y pasaban la noche por ahí. 

Desde ayer estamos de nuevo en la ciudad y aunque se han acabado para ellos las noches de parranda no dan muestras de disgusto. Han vuelto a su aburrida vida urbana con una aceptación y una tranquilidad que querría para mí.

Bailan cuando suena la música, pero no se angustian si no suena. O mejor dicho bailan al ritmo que la música marca, suene la música que suene.

Nosotros nos pasamos la vida preguntamos cuándo sonará, esperando que suene, recordando que sonó, maldiciendo si no suena, y cuando por fin esta nos invita a bailar no siempre lo hacemos porque a veces no nos gusta el tipo de música.


Qué lástima no ser un poco gato. 

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