16 febrero, 2016

Recuerdos

Cuando tenía dos años nos dieron en adopción a mi hija. La pobrecita ya había sufrido el estrés de un abandono cuando, con un año, su madre biológica la ingresó en un hospital con hepatitis B y no volvió. La administración se hizo cargo y una familia de Mensajeros de la Paz, que se dedicaba a eso, la acogió para vivir en su casa hasta que fuera adoptada. Estuvo con ellos un año.
Por eso digo que cuando nos la dieron sufrió su segundo abandono.

La primera semana que estuvo con nosotros, y seguramente debido al estrés, le salieron unas úlceras en la boca que le impedían comer. Naturalmente ya andaba, pero no sé por qué la recuerdo tumbada en una cuna, seguramente recién despertada de la siesta, mirándome sería, como se mira a un extraño, que es lo que aún era yo.

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