17 enero, 2016

Ese animal llamado gato.

Un día de estos olvidé que un gato es un animal. Escribía en el portátil, y puse a Conejito en mi regazo. No sé de qué manera lo agarré que me echó una zarpa a la cara y una de sus uñas se me clavó con fuerza justo debajo de mi nariz, en la zona del bigote. No fue un arañazo, fue un picotazo. Casi no veía la marca cuando la busqué luego en el espejo, pero en ese momento vi las estrellas. No creo que él supiera el daño que me hizo, ni que tuviera esa intención, pero recibió un estímulo desagradable, no se cuál, y se defendió.

Había avisado a mis hijos que un animal no conoce bien las consecuencias de sus actos. Pero me empeño en ignorar, como otras veces, lo mismo que trato de enseñar.

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