30 diciembre, 2015

Predecir las elecciones.

Cuando el partido Podemos era casi la primera fuerza en las encuestas (long time ago) aposté que al menos sacaría el 20% de los votos. Me puse muy chulo con mi cuñado.

Aun ganando he aprendido que no tienen sentido apuestas con tanta antelación.

Como di la apuesta por perdida hace mucho, el día de las elecciones no era eso lo que me preocupaba. Había votado a Ciudadanos y no quise saber resultados hasta que no hubiera datos oficiales. Cuando comencé a escuchar a la vicepresidenta mi mujer me adelantó: te vas a llevar un chasco.

En efecto, hubiera querido para Ciudadanos, y creía que así sería, los datos de Podemos. ¿Voy a negar que me consoló un poco saber que por los pelos había ganado mi apuesta?

Pero mi mayor tristeza no era por el modesto resultado de Ciudadanos, ni por el futuro incierto que se abría. Soy así de egocéntrico. Mi mayor chasco lo producía constatar mi  desacertada predicción del día antes de las elecciones. 


Triste alegría la de haber acertado la antigua predicción, habiendo errado tanto ahora. 

3 comentarios:

  1. Leo esta entrada y me doy cuenta de que no trasmite lo que yo quería.
    Lo que quería decir es que a veces tengo una gran decepción cuando descubro que mis ideas sobre el mundo son equivocadas. Incluso aunque la realidad sea mejor de lo que yo pensaba. Me pasó con los exámenes de inglés. Aprobé las tres notas pero me quedé confundido. Vale, había aprobado, pero era bobo. Mis expectativas me mostraban que desconocía absolutamente el nivel de exigencia que se pedía. De acuerdo, podía estar contento, había aprobado pero constataba que no sabia en qué mundo vivía.

    Eso es lo que me pasó el día de las elecciones. Me creo que sé mucho, que conozco la sociedad española y me equivocaba.

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