01 noviembre, 2015

Aclaración y dilema.

Cuando digo que medito no digo la verdad. Lo que quiero decir es que me siento en silencio y pienso. Pensar no es meditar, pero yo soy nuevo y aún no sé hacerlo. Intento concentrarme en la respiración y en las puras sensaciones pero lo logro muy deficientemente. Tampoco tengo indicaciones prácticas de cómo hacerlo. En el libro de d’Dors no se dan.  Mi memoria recurre a aquel campamento naturista –tenía veinte años- en los que un maestro zen nos puso a todo el grupo a meditar una hora sentados en el suelo de cara a la pared. Tengo que buscar lecturas que me aconsejen.

Digamos que no medito pero me dedico un tiempo a ello y tengo una determinación firme de aprender y una fe absoluta en su valor.  



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Por otro lado, mi mujer dice que últimamente me ve alterado. Me lo ha hecho saber muy seriamente. Que estoy brusco. Que enseguida me irrito y chillo. Sin duda tiene que ver con que llevo casi dos meses tomando menos medicación, ya lo conté aquí. Tengo un dilema enorme. Por un lado vivo una época feliz, estoy entusiasmado con mis clases de primero de bachillerato, me siento más creativo que en el verano y disfruto de la vida. Por otro, esta energía que tanto placer me causa me lleva a ser muy descuidado en los modales. Los menores obstáculos para conseguir mis metas me irritan sobremanera y los aparto de mi camino con malos modos. Me pregunto si será posible dominar a fuerza de voluntad esta irritabilidad o si debo aumentar la dosis de nuevo. Quiero vivir “energético”, pero parece que esto daña a los demás. Al menos a mi mujer. 

3 comentarios:

  1. Cuesta años aprender a meditar pero se necesita ayuda. Uno solo no puede hacerlo salvo que sea Buda. Y él también aprendió antes de la escena bajo la higuera sagrada (Bodhi).

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    1. Joselu, me sorprendes. Un dia dijiste que si te encontraras a Dios le hablarias de tú a tú. De igual a igual ¿Si te encontras a Buda no?

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    2. Recuerdo que cuando practicaba meditación y me dolían terriblemente las rodillas me cagaba en la puta madre de Buda.

      Pero sí, me resulta más estimulante la figura de Buda (generalmente expresado en imágenes con una sonrisa sutil e irónica) que a Cristo (sufriente y atormentado). El cristianismo es la religión del dolor y del amor. El budismo de la compasión. Yo me quedo con esta.

      Frente al futuro que nos espera con el cristianismo: una división en seres que irán a un paraíso imaginario a contemplar a dios y otros se verán toda la eternidad quemados en el infierno sufriendo inmensas e inimaginables penas de sentido, yo me quedo con el juramento del Bodhisatva que resumido es así: renuncio a entrar en el Nirvana antes que todos y cada uno de los seres existentes puedan entrar también en él.

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