28 octubre, 2015

Que digo que voy a cambiar.

Voy a cambiar. Os comunicaba mi decisión ayer.  

Pero es que aunque no lo hubiera decidido, la vida humana es cambio constante. Lo ingenuo es decir: no voy a cambiar.

Pero además, voy a cambiar para mejor. En esta afirmación sí puede haber cierto atrevimiento. Soy consciente. Creo que el enlace a la entrada de 2008, en la que YA ENTONCES me proponía cambiar, era un guiño en ese sentido. Joselu comentaba que él ya no quiere cambiar. Joselu tiene muchas cosas admirables. Pero la coherencia no es su fuerte. Si dice dos frases seguidas, no es difícil que en la segunda diga lo contrario que en la primera. Y como es profesor de literatura (y no de lógica) se queda tan fresco. Podéis pensar que exagero pero no tenéis más que ir a su blog y en las últimas entradas podréis ver los cambios que este curso ha introducido en sus clases ayudándose de la tecnología. Se entiende que son cambios para mejor y así lo cuenta él y así lo creo. Los alumnos aprenden veinte veces más, según sus palabras (a las palabras de amor les sienta bien un poquito de exageración), y consecuentemente se ha convertido en mejor profesor. Joselu, ese cambio es un cambio también de tu persona. 

Pero además, con mucha penetración, Joselu no cree “ que se pueda cambiar, pero sí cambiar la mirada respecto a uno mismo, verse de otro modo más generoso.”

Joselu, me conformo con ese cambio de la mirada. ¿Te parece poco cambio? Me conformo con mirarme a mí mismo con más cariño. Me voy a olvidar definitivamente de ese “yo ideal” que quiero ser, para aceptar ser quien ya soy. Que por cierto, es un tipo estupendo y miserable. 






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Quizás haya exagerado con las incoherencias de Joselu. Aunque él las ha reivindicados como positivas alguna vez. He buscado sin éxito en su blog una entrada, para enlazarla aquí, en la que la contradicción me pareció flagrante. Otra vez será.


3 comentarios:

  1. Me has hecho reír con eso de la coherencia, y no dejas de tener razón. Pero a Unamuno le pasaba lo mismo, fíjate. Entendía que la contradicción interior era la savia de la vida, y se pasó la vida contradiciéndose. Ni Hunos ni Hotros. Fuen antimonárquico, fomentó la llegada de la república, dijo que no era eso, maldijo la república, se unió al movimiento del ejército, para al final cantarles las cuarenta a toda la pléyade de fascistas reunidos en Salamanca. Para mí es tan normal vivir en la contradicción que ya ni lo percibo -ni me inquieta- y de hecho me gusta argumentar que el cambio es coherente dentro de su incoherencia. Caramba, uno se puede permitir el lujo de contradecirse, ¿por qué evitarlo? No soy político ni estratega militar. A nadie hago daño y mi familia entiende mi coherencia incoherente. O mi incoherencia coherente. Y sí estoy contento con mi nueva estrategia de enseñanza. Creo que es más eficaz. Al menos no se aprenden cosas inútiles. O también, pero a gusto.

    Y sí, ayer describía mi angustia por cambiar porque me producía dolor ser cómo era. No sé si lo hice porque escribía en un teclado virtual y escribir letra a letra con un dedo no es lo mío. Eso fue en un tiempo bastante largo. Duró varias décadas. No quería ser cómo era y me planteaba estrategias para ser diferente y mejor. El dolor me acompañaba. Intenté todo. Ayer escribiéndote me daba cuenta de que ya no era así. Estoy bastante conforme en cómo soy y estoy reconciliado con mi historia. Fue muy cruel mi origen. Pero incluso esa crueldad creo que tiene factores positivos. Me enseñó el dolor agudo en el alma de niño. Un dolor atroz. Pero sobreviví. Con heridas. No puedo creer que las he superado, pero ahora me encuentro bastante bien con mi realidad. La negra depresión me mostraba un ser abominable y despreciable. Ahora no lo veo así, pero no puedo descartar que vuelva alguna vez a aquello.

    Mi blog es un oxímoron, una potente serie de contradicciones en cadena. Bien lo sé. Pero en ese sentido creo que está vivo. Leer a alguien perfectamente coherente continuamente y a lo largo de toda su vida puede ser bastante aburrido. A mí me gustan los personajes literarios que se contradicen, como Aliosha de Los hermanos Karamazov. Todos sus personajes son una contradicción viva. Como la vida. ¿Hay algo más incoherente que la vida? Vivir intensamente, sufrir, crecer, buscar ser mejores para luego morirnos. Vaya coherencia, caramba. Aunque tú crees en el más allá. Y que habrá un premio y un castigo según haya sido tu vida. Si eso te ayuda es bueno creer en ello. A mí no me convence. Dios tiene que ser la coherencia en estado perfecto. Un ser perfecto, pleno, equilibrado sin mácula. Y nos ha hecho incoherentes. Podía haber utilizado su omnipotencia para hacernos más coherentes. Ya no sé lo que digo. Pero me divierte escribir. A tu salud. Y sí le encuentro puntos positivos a la incoherencia, por si no había quedado claro. Aunque hay cosas en que soy permanente. Un personaje inquieto que continuamente se hace preguntas. Y que no le vale cualquier respuesta. Pero son tan variadas las respuestas que no dejo de quedar fascinado por respuestas dispares ante preguntas. Creo que puede ser perfectamente válido A y B y C como respuestas ante algo y ser contradictorias entre sí. Yo lo llamo existencialismo cuántico, pero igual es una tontería. Puede ser. Venga, buenas noches. Una cosa buena que has hecho ha sido quitar ese antipático filtro de tener que aprobar los comentarios. Vas mejorando. Jajajajajajajaja

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  2. Joselu, No te conoces a ti mismo. Tienes sentido del humor. He mejorado porque he quitado el filtro de los comentarios. jajajajaajjaj

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  3. https://rabudo2.wordpress.com/

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