27 septiembre, 2015

Satisfechos 2.

He leído Galveston, la primera novela del autor de True detective. Genial. Merece la pena. Me gustaría no haberla leído aún para poder volver a leerla. Os copio dos párrafos. No los traigo porque sean lo mejor de la novela pero tienen que ver con aquello de los satisfechos de los que yo hablaba aquí hace dos días. 

(página 96)
Por el paseo del malecón patinaban chicas en biquini y un grupo de skaters rodaban y saltaban sobre barandillas y bordillos. A la sombra de los grandes hoteles de primera línea de mar volaban y rebotaban las pelotas de playa. Llegaba el olor de los puestos de pescado al aire libre, con sus cestos de gambas y cangrejo a la pimienta hervidos, bajo cuyas mesas viejos perros sin dueño rebuscan vísceras y cáscaras. (…)

Las playas de arena marrón estaban cubiertas por una línea irregular de algas arrastradas por la corriente hasta donde rompían las olas. Rocky contemplaba a la gente concentrada junto a humeantes barbacoas, a las chicas casi desnudas y a los chicos que las seguían como perros hambrientos. Me di cuenta de que pensaba en otras vidas posibles. Mucha gente de su edad esperaba vivir eternamente y se tomaba la vida como una suerte de derecho natural a pasárselo bien a perpetuidad.
Yo nunca había visto las cosas de ese modo y sabía que ella tampoco.

(página 207)
Los jóvenes se habían apropiado de un tramo de la playa. Sus cuerpos bronceados y esbeltos, aquella manera de darlo todo por sentado, como si el tiempo y las oportunidades fueran su derecho natural, me suscitaron cierto resentimiento. Un frisbee planeaba lentamente por encima de sus cabezas y daba la sensación de que para algunos el día era un eterno mediodía; oí sus voces y sus risas y los vi perseguirse como cachorros. No podía imaginarme a Rocky allí. Hay montones de cosas que nunca llegan a ser como deberían.

1 comentario:

  1. El otro día una niña de doce años de primero de ESO contestaba a un cuestionario convencional sobre aspectos de su personalidad. Una de las preguntas era ¿qué es lo que te entristece?. Ella decía que nada le entristecía, que siempre era feliz, que se reía y se reía por todo. Yo le comenté el drama de los refugiados que estaban llegando a Europa, y ella me dijo que no sabía nada, que ella no veía la televisión. Le dije que había niños de su edad en el mundo que tenían que trabajar quince horas al día para conseguir un euro, pero ella me dijo que al fin y al cabo tenían trabajo, que ella le buscaba a todo el lado bueno. Yo le dije que estaba muy bien ser feliz pero que el mundo tenía cosas que no estaban bien y que no podían hacernos felices. Fue inútil. Ella era feliz. No tiene demasiada importancia porque es una niña de doce años. Sin embargo, uno advierte lo necesario que es el sufrimiento en la vida como experiencia. Nadie busca el sufrimiento. Viene solo y es inevitable, pero nos hace humanos, nos hace profundos, nos enseña a no ser tan tontos como esta niña que se tomaba la vida como una suerte de derecho natural a pasárselo bien a perpetuidad.

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