30 septiembre, 2015

Mentalidades.

Un amigo me cuenta que su padre, médico, murió hace muchos años entre grandes dolores. Se negó a ser sedado porque no quería perder la conciencia. Se sentía obligado a afrontar su enfermedad de cara, a pesar del mucho sufrimiento.

Aunque lo cuenta con cierto orgullo, a mi amigo le parece absurdo lo que hizo. Con la mentalidad actual su padre hubiera sufrido mucho menos.

Cuando paseo a mi madre por la residencia me pregunto si algún día, diremos cosas similares de esas vidas consumidas por la locura. Hoy nos parecería un horror matar a un enfermo de Alzehimer pero cuando pasen los años quizás lo que parezca insensato sea mantener con vida a personas que sufren estas enfermedades tan degradantes. La locura de mi madre podía ser plácida, la de muchos lo es, pero su caso no es ese. A ratos llora, se enfada. sufre. Bastantes ratos. Otros no, sonríe o dice tonterías, como si tuviera una conversación cotidiana, con frases que no termina ni sabe a dónde van.

Yo paseo, insensible, con ella, le doy la razón como a los tontos, y me pregunto si un día echaré de menos su mano en la mía y esos ratos tan sosos que pasamos juntos.

2 comentarios:

  1. Yo creo que no tengo duda sobre ello. Preferiría mil veces ser sedado y objeto de un cóctel letal antes que vivir como ahora tu madre. Dejar de ser quien eres y convertirte en un ser sin conciencia, sin pasado, sin dimensión personal... Terrible. De solo pensarlo, se me ponen los pelos de punta. Que el ego, ese ego vilipendiado por las religiones, se disuelva en la nada, que naufrague en la inanidad absoluta, es la peor de las tragedias que pueden ocurrir, aunque sea indolora.

    En cuanto al amigo cuyo padre prefirió el dolor antes que perder la conciencia puedo entenderlo más, pero no tengo un criterio al respecto. Fue una decisión valiente, muy valiente.

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  2. Quizás las religiones orientales desprecien el yo. Consideran que es una ilusión. En realidad somos parte de algo mucho más amplio.
    Pero el cristianismo no desprecia el yo. Al contrario. Promete salvar a cada uno de los yos individuales. Tu "yo" no desaparece tras la muerte. Al menos eso es lo que promete.

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