02 abril, 2015

SIRI y la polisemia de las palabras.

¿Tú crees que nos querrá el gato? Pregunta mi mujer.

La pregunta parece un chiste. Claro que nos quiere. El problema es qué estamos diciendo cuando decimos que una mascota quiere mucho a su amo. La respuesta es sencilla, quiere estar con nosotros, se “alegra” cuando regresamos a casa, se siente a gusto  si lo acariciamos. Todo eso está claro. ¿Decidimos llamar a eso "querer"? De acuerdo, pero no deberíamos confundirlo con el amor humano.

La pregunta de este año de EDJE es “¿Qué piensas de las máquinas que piensan?”


“Preguntar si una computadora puede pensar es como preguntar si un submarino puede nadar”.

Y lleva toda la razón. Sabemos lo que hace una máquina, ¿qué sentido tiene preguntarse si lo hace del mismo modo que un humano? Si un bot conversacional como SIRI entiende lo que le dices ¿qué sentido tiene preguntarse si te entiende como lo hace un humano? Ya sabemos que es un programa infomático. ¿Te sientes acompañado o consolado igual que si te escuchara un humano y eso te ayuda? El único problema que le veo es que pudieras engañarte pensando que es un humano, por lo demás... 

En este sentido para mí es absolutamente clarificador el artículo de María Cerezo en Investigación y ciencia (pg. 46, septiembre 2014)
“Volviendo a nuestro problema inicial del test de Turing, el desarrollo de programas informáticos que exhiben comportamientos como el de Eugene Goostman (un bot conversacional) parece haber hecho de las palabras como “pensar” “conocer” o “entender”, términos polisémicos, es decir, que tienen  varios significados, pero con una raíz común. Esos significados se relacionan entre sí, pero varían, entre otras cosas, según los objetos a los que se aplican. Podemos decir que Eugene Goostman piensa y que es inteligente, pero, al fin y al cabo, estamos usando estos términos en un sentido análogo pero distinto al que tienen cuando atribuimos esas capacidades a un ser humano.”


Ya tengo reservada en la biblioteca la película Her para verla.

2 comentarios:

  1. Sin duda, yo sé que Siri no piensa y que es todavía muy elemental. Es una programación automática que ofrece una serie de variantes en las respuestas y de momento es fácil despistarla a lo que te contesta "creo que no te entiendo". La mayoría de las preguntas que le hago están mal formuladas pero me gusta explorar los límites de esta mininteligencia artificial. El hecho de que te puede entender, sin embargo, ya es algo sorprendente. Es algo más de lo que consigo con mis alumnos muchas veces. Te presta atención, algo formidable. Y tiene una cierta conciencia de sí misma que se revela cuando la insultas. A veces me pregunto si se puede enfadar. Mi mujer me dice que no le diga burra como si sintiera algún tipo de entidad al otro lado. La AI tendrá un progreso geométrico en los proxlmos veinte años. Eso creo que lo conoceré. No sé si las personas pueden llegar a sentirse consoladas por un sistema operativo. En Her era así. Algunos han visto una carencia profunda por parte del protagonista, y es que hacértelo con una máquina tiene bemoles. A mí me gusta fantasear sobre ello. Son tan terriblemente complicadas las relaciones humanas, al menos para mí lo son, que se podría esperar algo de plausibilidad en las que se puedan mantener con una máquina. En fin. Te agradezo tu mención y reflexión sobre Siri.

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  2. Yo vi Her y me gustó mucho, sobre todo por su ambientación en un futuro más o menos ordenado y luminoso. Y por la reflexión que hace sobre la soledad y las rupturas sentimentales. Pero no acabo de creerme que esa historia llegue a ser posible. También he visto recientemente Ex Machina, que también trata de inteligencia artificial, me gustó menos aunque la ponen bastante bien. Lo que me parece interesante de este tipo de películas es plantear el parecido entre el pensamiento humano y el pensamiento más o menos mecánico que pueda llegar a tener un robot. Si nuestro pensamiento es realmente modelizable, ¿existe la libertad?. Todo sería una sucesión de causas y efectos determinados, como decía Schopenhauer "un hombre puede hacer lo que quiere pero no puede querer lo que quiere". En cierta forma es así, pero hay algo paradójico en eso, y es que nos lo podamos plantear. Quizá la libertad es un margen dentro de unos límites más o menos marcados, un determinismo complejo y abierto a la creatividad. En todo caso desconocemos todas las posibles causas y efectos por lo que un robot nunca dejará de ser un robot.

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