26 julio, 2014

Un alumno especial

Era el alumno más raro que he tenido.

Se sentaba en primera fila y se pasaba toda la clase atento. No hablaba con nadie y yo interpretaba que era muy tímido. En los recreos no tenía muchos amigos aunque alguna vez si lo vi hablando con alguien.
Los alumnos que dan guerra constantemente y no hacen nada en los exámenes producen frustración en el profesor, pero al menos sabes que están vivos. Los alumnos que además de no saber nada, no los ves divertirse ni vivir te llenan de pena. Son formalitos y callados sin objeto. A su ignorancia se une una vida vacía, una obediencia inútil, un atender para nada.

El día que me di cuenta de que este chico no estaba bien fue en un examen que hice por la tarde. Los alumnos, escribían durante 50 o 60 minutos, luego entregaban el examen  y se iba. ¿Quién querría quedarse allí una vez que has terminado?
Algunos tardaban más, tenían más cosas que contar, o las contaban más lentamente. El examen duraba como máximo una hora y media. Este chico estuvo hasta el final, hasta que dije que se acaba el tiempo y que tenían que entregar. Solo quedaban en la clase cuatro o cinco alumnos, él entre ellos.

Lo que me pareció una cosa de locos es que su examen estaba prácticamente en blanco. Si había cinco preguntas había respondido unas líneas en una de las cuestiones. ¿Por qué no se marchó antes? Mi idea es que no tenía nada que hacer. Mi idea, quizás me equivoco, es que ni tenía amigos ni tenía nada que le interesase. Lo mismo le daba estar allí que en cualquier otro sitio. Y por eso apuró el tiempo.


Le di clase en segundo de bachillerato. No aprobó ni la mía ni ninguna asignatura. Al curso siguiente no se matriculó y pasados unos meses su muerte fue noticia en toda la ciudad. Mientras estaba solo en casa una explosión de gas lo había matado. 

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