04 mayo, 2007









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DE LA DIFICULTAD DE CELEBRAR "EL 1 DE MAYO"

Escuché por la radio que el día del trabajador se ha quedado sin sustancia. Que se ha convertido en un día como el de la osteoporosis o el día del agua.


A mí me parece que al trabajador del primer mundo se la ha ido la poesía y la utopía a la vez que ha ido aumentando su nivel de vida.

Cuando yo era joven cantaba aquello de “arriba los pobres del mundo, en pié famélica legión”. Y hasta lo canté con el puño en alto. Hoy, en España, los trabajadores saben que los parias de la tierra se mueren (literalmente) por entrar en un país como el nuestro para que les paguen un sueldo bastante más bajo del que les pagan a ellos.

Conociendo la distancia que separa “nuestra” riqueza general de “su” pobreza ya no es fácil sentirse uno con ellos y colaborar con ellos para que acaben las injusticias del mundo. Nuestras vidas son tan distintas que, sencillamente, sus injusticias no son las nuestras.

La deslocalización, que es uno de los males que afecta al trabajador del primer mundo, beneficia a los del tercero (aunque las multinacionales los exploten, al menos cobran un salario) y la “famélica legión” de la Internacional se convierte así en un competidor desleal del obrero nacional, porque está dispuesta a hacer lo mismo que ellos por menos dinero.

Si hiciéramos una gran pirámide con los distintos niveles de la riqueza mundial, los currantes del primer mundo son conscientes que aún tienen por debajo a millones de hombres y mujeres en América Latina y Asía. Por no hablar de África. Es muy difícil ser revolucionario sabiéndose un privilegiado.

Si a esto añadimos que hoy es patente que en los países donde se impuso “la dictadura del proletariado” los trabajadores salieron peor parados que en los capitalistas, es natural que el 1 de mayo (que los estados comunistas celebraban por todo lo alto) haya ido reduciendo poco a poco su importancia hasta pasar casi desapercibido.

3 comentarios:

  1. el idiota soy yo, lo siento en el alma, soy leonés (e inevitablemente bruto, y sentimental), intento decirte algo de todo esto en mi último post, pero nada, no tengo palabras para la vergënza que siento por haberte agredido.

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  2. No sabes cuánto te agradezco las disculpas. Me dolió mucho tu insulto. Más aún porque no sabía la razón ni comprendía nada. Yo ya te he perdonado. No te tortures tú ahora más de la cuenta. No eres la única persona que se arrepiente de haber hecho algo desacertado. Conozco bien esa experiencia y el remordimiento posterior y no se lo deseo a nadie. Yo ya te he perdonado, perdonaté ahora tú a tí mismo.

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  3. El problema del día del trabajo no es sólo el hecho de haber dejado de ser quienes más lo celebran los proletarios del mundo, sino que ha cambiado el significado y el valor del trabajo mismo. No hacen fala comparaciones odiosas, basta ver que el valor de la huelga como medida de presión, en muchísimos ámbitos es nulo.

    En realidad se celebra un antiguo poder y una antigua legitimidad y se deja de manifiesto una gran debilidad real y simbólica.

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