08 mayo, 2017

Se acabó rumiar.



Hay unas tardes preciosas esta primavera en Salamanca. Muchas de ellas paseo por la Isla del Soto, una pequeña isla dentro del Tormes que ahora está comunicada por la parte del Aldehuela que es por la que llego con bici, a diez minutos desde casa.

Intento pasear centrado en el ahora. Los árboles, el cielo, el río. Me encantan las nubes. Es bonito que haya nubes para que el cielo no resulte aburrido y en Salamanca las hay

El único problema es que conmigo van mi padre, las mujeres que lo cuidan, mis alumnos, algunos compañeros, mis hermanos y todo mi pasado. Casi nada.

Tarde de primavera preciosa. Dos horas por delante sin obligaciones. Lo lógico sería gozar del paseo con absoluta felicidad

He descubierto que mi padre da poco trabajo. Ciertamente muy poco si cuento el tiempo que en efecto le dedico. El problema es el tiempo que paso rumiando los asuntos relacionados con él. Me he propuesto “ocuparme” pero no “preocuparme”. En pocas palabras, pasear sin él. 

Pero del mismo modo las clases, los alumnos, los líos. ¿Qué utilidad tiene rumiar? Ninguna

¿Qué es lo que arruina la tradicionalmente horrorosa tarde del domingo? No vivir el ahora

¿Por qué no disfrutar la tarde del domingo como una estupenda tarde de descanso?

2 comentarios:

  1. Yo creo que se por que.

    El cerebro es una maquina de predecir. Tanto es asi que muchos neurologos ven en esa actividad el origen de este organo. No podemos evitar hacer predicciones (preocuparnos) porque estamos biologicamente preparados para ello. Este ensayo mental nos da la ventaja de poder imaginarnos las situaciones antes de que se produzcan, para estar preparados para afrontarlas. No es cierto, creo yo, como mantienen algunos que los nervios o preocuparse no sirva para nada. Nos activan, nos ponen alerta y nos preparan para decidir.

    Otra cosa es que en algunas personas esa preocupacion sea desmesurada para estos fines, y esten siempre atisbando inconvenientes que nunca llegan a producirse.

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    1. Todo lo que dices es cierto. El cerebro está programado para proyectar y prevenir. Y eso es lo que hace.
      Pero parece que a muchas personas ese mecanismo se nos ha pasado de rosca. Nos pasamos el día en el futuro pero no lo hacemos para realmente planear. Seguro que como yo has tenido la experiencia de que los problemas reales que vinieron, muchas de aquellas situaciones que vinieron, no se parecían a los que habíamos imaginado.
      Yo no digo que no haya programar, o proyectar, o prepararse o decidir lo que sea, o entrenarse cuando sea necesario (yo qué se, repetir una conferencia ante el espejo, antes de darla). Lo que digo es que esa “futurición” tiene que tener una lógica eficaz. Por ejemplo, amargarse la tarde del domingo adelantando la penosa carga del domingo no es sano ni sirve para nada.
      Yo hablo de mi experiencia. Quiero pensar en los problemas de mi padre cuando realmente tenga que solucionar algo de mi padre. No tener delante todo el día en mi cabeza su decrepitud, o las cuentas que he de hacer con las mujeres que lo cuidan o sus medicamentos. ¿Se entiende lo que quiero decir? Quiero dedicar tiempo cuando sea realmente necesario pensar en ello pero no “rumiar” lo ya sabido. No anticipar miedos que en muchas ocasiones se han revelado como peligros inexistentes. Al final el miedo aquel era infundado y el problema real fue otro distinto. Si hay un peligro real hay que prepararse, pero no sufrir imaginando inutilmente, antes de tiempo para nada.
      ¿Y qué me dices del pasado? También es cierto que repetir en la memoria las situaciones del pasado puede ayudarnos a no repetir errores pero no es eso lo que yo hago. Ni lo que hace mucha gente: darle vueltas a “historias” que ya no tienen vuelta a atrás para culpabilizarnos y sufrir para nada.
      Mi padre se pasó meses pensando lo que tenía que haberle dicho a su suegro en respuesta a determinadas críticas que este le hacía. ¡Pero aquello eran de cuando mis padres se casaron y y cuando mi padre lo rememoraba mi abuelo había muerto hacía años!
      Cuanto más leo sobre mindfulness y meditación más me doy cuenta que está pensada para evitar la rumiación (que puede ser sobre el pasado y sobre el futuro).
      Es imposible que el cerebro no planee, o que no recuerde. Pero se trata de darle a esas actividades la medida justa.
      Y todo esto conecta con la entrada que quiero hacer hoy. La mente de mono.

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