09 abril, 2017

En Bruselas.

Estamos en Bruselas pasando cuatro días. Justo antes de venir me juro a mí  mismo que no haré más  este tipo de viajes. Me estresan y en realidad a la que le gustan es a mi mujer. Una vez aquí estoy tan ricamente. Estamos en casa de unos amigos y todos los momentos hasta ahora han sido agradables.
Al reservar el vuelo mi mujer equivocó mi segundo apellido, puso el de mi padre. Cuando nos dimos cuenta creí que no volaba y casi agradecía quedarme en Madrid. Perdíamos 120 euros pero me quedaba tan feliz a ver gente allí. En facturación resolvieron el problema porque el número de mi carnet coincidía (no figuraba en nuestro papel pero sí es su reserva) y eso mostraba que se trataba de un error, no de un cambio de persona.

Mi mujer ha perdido el móvil, o se lo han quitado en el autobús.

En casa de mi padre todo funciona bien con la nueva mujer, que empezó esta semana. Aunque a él no termina de gustarle ella. Pero lo mismo sucedió al principio con la anterior y luego todo fue muy bien.

Ahora dice que a la próxima la entrevistará él. Se supone que a voces, porque está como un tapia.

Leí en Sapiens que el turismo es una cosa de estos tiempos. En otra época nadie viajaba por placer. Por el número de españoles que se encontramos por todos lados, en esto no vamos retrasados.

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